Distintas perspectivas de la Peñarrubia.
Saludos, amigos:
El paraje que ocupará esta segunda entrega de “Un recorrido por…” será la Peñarrubia , sin duda una de las joyas naturales que
tenemos en nuestro término jumillano. Destaca esta montaña entre otras cosas
por la enorme y vertical pared anaranjada de caliza que domina su parte oeste a
la cual debe su nombre, siendo una de las más codiciadas de la zona por los
escaladores y llegando ésta a medir 100 m en algunos tramos. Es también un punto de
interés antropológico por la presencia de pinturas rupestres en alguno de sus
abrigos.
Vista hacia el sur desde el roquedo al atardecer.
Vista hacia
el norte de los cortados con Los Gavilanes y el Monte Arabí al fondo.
Haremos un detenido recorrido por el lugar con el fin de profundizar un
poco en los diferentes aspectos de interés natural que este bello sitio nos ofrece
tales como geología, flora y fauna procurando dedicar a cada uno el interés
merecido, cosa que será sin duda difícil tarea. Será un placer intentar
ofreceros una visión más amplia de nuestra Peñarrubia, y en caso de que no la
conozcáis, intentar ilustraros de alguna forma la belleza que este singular
paraje posee, que es mucha. Espero os guste.
LOCALIZACIÓN
Vertiente
oriental de la Peñarrubia
con una de sus ramblas y La
Cingla al fondo.
Apenas 500
m al sur podemos ver cómo se levanta
justo al frente la Sierra
de las Grajas, que parece mirar desafiante a la Peñarrubia con su
imponente pared anaranjada acuchillada por una grieta, la cual también es un
atractivo reto para numerosos escaladores. Entre ambas sierras se encuentra el
Monte del Estudiante, un pequeño cerro que ejerce de testigo en el duelo e
interrumpe los cultivos con su forma de herradura claramente visible desde la
cumbre de las Grajas.
Ligeramente al sudoeste se encuentra la Sierra Caballera que se
extiende 3’5 km en la misma dirección llegando casi a la zona más occidental
del término. Al noreste de la
Peñarrubia queda la Sierra de los Gavilanes, cubierta de poblados
pinares y coronada en casi la totalidad de su recorrido por un parque eólico
con el mismo nombre. A lo lejos, al norte, se divisa el Arabí asomando
tímidamente sobre los Gavilanes.
Las Grajas (al fondo) y monte del Estudiante.
GEOLOGÍA
Curiosas texturas y formaciones cerca de la Casa del Buen Aire
Característica
imagen de la Peñarrubia.
Zona oriental de la Peñarrubia.
Formaciones con caprichosas formas estratificadas en las ramblas.
FLORA
La flora de este lugar está constituída básicamente por la típica
vegetación de clima árido mediterráneo-interior y abundantes cultivos de
secano. Conforme nos vamos acercando a la Peñarrubia podemos ver multitud de parcelas agrícolas rodeando la
montaña casi por completo. El cultivo estrella y el que más suelo ocupa es el
de vid (Vitis vinífera), con el que
se elabora el excelente vino jumillano, aunque también podemos ver numerosas
parcelas de olivos (Olea europaea) y
almendros (Prunus dulcis) salpicando
tímidamente la homogeneidad de los cultivos de vid.
Cultivos de vid al pie de la Peñarrubia en otoño, cuando la planta comienza a
perder sus hojas.
En los pedregales que los agricultores hacen en las orillas de sus
parcelas crecen varias pantas muy comunes como romeros, espliegos, tomillos y
algunas especies menos abundantes y que suelen crecer muy dispersamente unas de
otras como Senecio malacitanus o gallicus,
matapollos (Daphne gnidium) o la
quebraollas (Thymelaea tartonraira) en
el pie de monte, plantas estas tres
últimas venenosas.
Matapollos - Daphne gnidium
Senecio malacitanus o
gallicus
Rodeando su parte este, pegado a los cultivos, encontramos un generoso
bosquete de pino carrasco (Pinus
halepensis), que se extiende hasta acariciar la falda de la montaña, e
incluso monte arriba podemos ver algunos tímidos ejemplares salpicando el
entorno. A pie de monte podemos observar varias labiadas muy típicas de nuestra
zona como el romero (Rosmarinus
officinalis), tomillo (Thymus
vulgaris) o espliego (Lavandula
latifolia), plantas todas ellas de gran fragancia y muy apreciadas en el
sector de la perfumería por ello.
Conforme nos vamos acercando al monte, vemos que casi en su totalidad
está cubierto de tupidos atochales de esparto (Stipa tenaccisima) que reina a sus anchas sobre la mayor parte del
suelo, tintándolo de un dorado grisáceo que casi se podría llamar el color de
los montes del sureste español. Ascendiendo por una de las ramblas creadas por
la erosión, vemos que la naturaleza rocosa de esta zona ha propiciado que
muchas especies forestales rupícolas puedan desarrollar su existencia, como el
té de roca (Chiliadenus saxatilis), los
pinillos de oro (Hypericum ericoides),
Fumana sp, la clavelina (Dianthus broteri subsp valentinus), la uña de gato (Sedum sp) y algunas menos típicas de
ambientes tan rocosos pero que se han adaptado a este hábitat como la efedra (Ephedra fragilis), la albaida (Anthyllis terniflora) el espino negro (Rhamnus lycioides), la sabina (Juniperus phoenicea), el enebro (Juniperus oxycedrus), el aladierno (Rhamnus alaternus), el acebuche (Olea europaea var Sylvestris) y la coscoja (Quercus coccifera) . También podemos
observar por el lugar gran cantidad de especies casmofíticas calcícolas del
Mediterráneo occidental como Teucrium
thymifolium, Potentilla caulescens, Saxifraga corsica subsp cossoniana, y algunas especies rupícolas
como Linaria cavallinesii, Sedum
dasyphylum y Teucrium
rivas-martinezzii.
Té de roca -
Chiliadenus saxatilis
Pinillos de oro - Hypericum ericoides
Helecho Cheilantes
acrostica
Teucrium thymifolium o rivas-martinezii
Al concluir la rambla
ascendemos atravesando los atochales hacia el camino forestal que lleva a la
cima, el cual es visible desde aquí y cuenta con algunos pinos y enebros en su
orilla aunque también vemos sabinas, romeros y algunas otras plantas luchar como
pueden por conseguir un hueco entre el esparto. En esta zona podemos ver
multitud de gambonitas (Asphodelus
fistulosus), plantas forestales muy típicas de nuestra zona que pincelan el
entorno cuando tienen sus largos tallos con frutos esféricos y sus flores de
blancos pétalos rayados.
Gambonitas - Asphodelus fistulosus
Conforme ascendemos por el camino, el terreno se torna más rocoso y
observamos pocos cambios en la vegetación salvo que, algunas de las especies
que mencionamos con anterioridad, aumentan o disminuyen su presencia. Al llegar
al punto geodésico situado a 907
m , éste nos obsequia con unas de las mejores vistas de
la zona y una preciosa panorámica de casi la totalidad del Altiplano que pocos
lugares poseen, capaz de entrecortar la respiración a cualquiera, sobre todo si
uno se asoma por la cornisa y contempla la escalofriante caída libre del
imponente cortado. Podemos observar, si nos fijamos en el suelo, numerosos
anclajes a lo largo de toda la cornisa donde algunos aventurados escaladores se
aseguran para descender la espectacular pared que en algunos puntos llega a
alcanzar los 100 m
de caída vertical. La vegetación aquí apenas cambia, sólo se hacen más
presentes algunas especies como las mencionadas con anterioridad, el lentisco (Pistacia lentiscus), sabinas, enebros y
en algunos sitios donde podemos vislumbrar la imponente pared, algunas especies
típicas de extraplomos como Sarcocapnos
enneaphylla subsp saetabensis,
Chaenorinum origanifolium subsp crassifolium
o Reseda valentina.
Zapaticos
de la virgen - Sarcocapnos
enneaphylla subsp saetabensis.
Espuelilla
- Chaenorinum origanifolium subsp crassifolium.
Merece mención especial la casa del “Barranco
del Buen Aire”, justo debajo de los abrigos donde se encuentran las pinturas
rupestres, la cual cuenta con un antiguo nacimiento de agua y algunas especies
asociadas a la cercanía de ésta como los dos enormes álamos (Populus alba) y algunos olmos que hay
junto a ella. También cuenta esta casa con varias piteras (Agave americana) y chumberas o paleras (Opuntia maxima) en sus inmediaciones, infectadas por la cochinilla
del carmín (Dactylapius opuntia). Se
trata de un insecto fitófago invasor
que está exterminando las chumberas en la península ibérica de manera
alarmante. Una vez infectada, la planta empieza a necrosarse y muere al cabo de
un tiempo. Pocos son los ejemplares en la región que no estén afectados. Un auténtico
desastre que puede provocar la desaparición de la especie en nuestra zona, ya
que los tratamientos aplicados no han obtenido buenos resultados.
Casa del Buen Aire.
Piteras y chumberas de la Casa del Buen Aire.
Panorámica de las inmediaciones de la casa.
Chumberas y
álamos junto a antiguo nacimiento de agua, a escasos metros de la casa.
FAUNA


En verano visitan la
Peñarrubia magníficas aves que llegan desde África buscando
veranos menos abrasadores como el águila calzada (Hieraateus pennata), capaz de deleitarnos con la belleza de su
plumaje y la elegancia de su poderoso vuelo.
Muchos animales se benefician, ya en tierra firme, del rocoso terreno
para resguardarse y vivir. Numerosos insectos, reptiles y pequeños mamíferos
como el lirón careto (Eliomys quercinus) y
otros roedores, aprovechan las grietas y oquedades de los roquedos y árboles
como hogar. No es raro ver a las lagartijas colirrojas (Acanthodactylus erythrurus), lagartijas colilargas (Psammodromus algirus) e incluso al gran
lagarto ocelado (Lacerta lepida) tomando
el sol sobre las rocas y esfumarse entre las grietas o entre los matorrales a
la velocidad del relámpago si sienten presencia extraña. También aprovechan
este hábitat algunos reptiles más grandes como la culebra lisa meridional (Coronella girondica), la culebra de
herradura (Coluber hippocrepis), la
culebra de escalera (Elaphe scalaris)
o la culebra bastarda (Malpolon
monspessulanus), que encuentran entre el matorral y las oquedades del
terreno una combinación de refugio y alimento muy favorable para ellas, además
de numerosos solarios en la roca, tan necesarios para los reptiles.
La presencia de estos
animales conlleva la de sus depredadores naturales, como el zorro (Vulpes vulpes), que también se
beneficia del refugio y alimento que le proporciona este lugar. La cercanía
entre sierras proporciona a estos preciosos animales un amplio territorio donde
vivir, alimentarse y reproducirse, y por lo tanto, una buena perspectiva de
futuro para la proliferación de su especie. Menos suerte tienen en ese sentido
otros mamíferos que actualmente se encuentran en serio peligro de extinción
como el gato montés (Felis sylvestris),
la garduña (Martes foina) o el tejón (Meles meles) de los que rara vez se
pueden encontrar rastros en el lugar. Al menos la combinación de refugio,
alimento y agua (debido a los numerosos calderones naturales), proporciona una
presencia, aunque escasa, de estas especies, por lo que debemos reflexionar y
concienciar a la población de la seriedad del caso o estos animales acabarán
desapareciendo como tantos otros, proporcionando un funesto golpe ecológico de
gran magnitud y sus posteriores consecuencias, ya que éstos se encargan de
regular las poblaciones de roedores, aves e insectos entre otras y su
desaparición provocaría un enorme desequilibrio en la frágil pirámide natural.
El pie de monte, ya junto a los cultivos, proporciona hogar a muchas
otras especies de estos hábitats como numerosos reptiles (culebras, lagartijas
y lagartos antes mencionados) que viven en los pedregales e inmediaciones,
numerosas aves que viven a medio camino entre los pinares, pedregales y los
suelos agrícolas, multitud de invertebrados y algunos mamíferos como el erizo (Erinaceus europaeus) y numerosos
roedores que hacen de la superficie agreste su despensa. No es raro ver posados
a los mochuelos (Athene noctua) casi
inmóviles sobre los pedregales, donde se mimetizan a la perfección por la
similitud de su plumaje con los colores y texturas de las piedras, vigilantes a
la espera de alguna presa. La presencia de viejas casas de campo abandonadas
favorece también a las lechuzas comunes (Tyto
alba), que encuentran en ellas un refugio ideal así como un buen lugar de
cría con cercanía del imprescindible alimento.
También podemos encontrar por este hábitat otras aves como la urraca (Pica pica) y la corneja (Corvus corone), omnívoros y
oportunistas córvidos a los que podemos ver con facilidad patrullando las
inmediaciones de los cultivos y posándose en sus suelos en busca de comida.
Tampoco es raro ver en los cultivos o en sus alrededores rastros de jabalí (Sus scrofa) como huellas, excrementos y
terreno escarbado. Este magnífico animal también transita estos parajes atraído
quizá por la seguridad que le ofrece la sierra, el alimento fácil de los
cultivos y la presencia de arbustos y árboles de bellota (Quercus sp) tan apreciados por estos artiodáctilos debido a su
sabor y valor nutritivo.
La “Casa del Buen Aire”, que antes mencionamos, acoge algunas especies de charca, dada la presencia de un antiguo
nacimiento de agua y siendo ésta la zona más húmeda del paraje. No es raro ver
a la culebra de cogulla (Macropotodon
cucullatus) esconderse en un instante entre los pedregales o matorrales
cercanos y al sapo partero (Alytes
obstetricans) en las casi extintas
charcas que quedan o en las que se forman cuando las precipitaciones son
generosas. En invierno es posible ver al rascón común (Rallus aquaticus) en estas charcas, ave migratoria del centro y
norte de Europa que nos visita buscando un invierno menos riguroso.
ARQUEOLOGÍA E HISTORIA
Ruinas en la casa del Buen Aire con abrigos arriba.
Verja para proteger las pinturas rupestres.
Vista de algunos detalles de las pinturas. Arriba, lo que parece ser un ciervo. Abajo, se puede distinguir una figura humana de frente, algo novedoso en la época.
Posee este lugar un importante interés histórico debido a la presencia
en “el Barranco del Buen Aire” de dos abrigos con pinturas rupestres declaradas
Bien de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad , siendo uno de
los yacimientos de arte prehistórico rupestre más importantes de la zona. Las
pinturas fueron descubiertas en 1983 por Jerónimo Molina, un célebre profesor y
arqueólogo jumillano que contribuyó enormemente en muchos estudios naturales y
arqueológicos de la zona y que más tarde dió nombre al antiguo Museo
Arqueológico de Jumilla, actualmente el Museo de Ciencias Naturales de dicha
ciudad.
El yacimiento consta de dos abrigos:
En el abrigo1, en el que se
han registrado más de 100 figuras, se mezclan dos estilos artísticos utilizando
siempre el color rojo. En él se pueden apreciar motivos levantinos y esquemáticos,
aunque cada estilo está desarrollado de tal manera que nunca llegan a
intercalarse o mezclarse.
Otra representación faunística.
En el abrigo 2 sólo se
hallan 7 figuras, aunque en mejor estado de conservación, y son de
representación esquemática con
gruesos trazos que acarician la abstracción.
Motivos que constan de trazos aserrados.
“EL PELICIEGO”
Cuenta la
Peñarrubia con leyendas como las de Pedro Abellán Sánchez “el
Peliciego” (1806–1841), el más célebre bandido jumillano. Se dice que hace dos
siglos, “el Peliciego” era perseguido por ser uno de los cabecillas de un grupo de guerrilleros
carlistas. Tuvo en jaque durante 26 meses a las autoridades de las provincias
de Albacete, Alicante y Murcia, aunque principalmente operaba en su ciudad
natal, Jumilla, y los alrededores de su extenso término. Cuentan que se
refugiaba en los numerosos abrigos de la Peñarrubia y la Sierra de las Grajas, la cual tiene una cueva con
pinturas rupestres que lleva su nombre. Dedicaremos a dicho paraje un capítulo
de “Un recorrido por…” . Hay quien
dice que aún pueden verse los agujeros donde “el Peliciego” clavaba las estacas
con las que ascendía o descendía con increíble valor y habilidad las verticales
paredes de la Peñarrubia
para burlar a la guardia civil. Según datos históricos, fué asesinado a
traición con sus propias armas el 3 de febrero de 1841 mientras dormía por dos
pastores a los que pidió comida, los cuales cobraron la recompensa de 4000
reales ofrecidos por el Ayuntamiento de Jumilla y entregaron el cuerpo sin vida
a las autoridades, quienes pusieron el cadáver a expectación pública durante
cuatro horas en la fachada de la Cárcel Nacional de Murcia.
Vista nocturna de la Peñarrubia y el paraje del Buen Aire .
Para concluir, después
de esta apasionante y pintoresca historia de bandoleros, me gustaría recordar
una serie de normas que debemos cumplir si decidimos visitar cualquier espacio
natural e invitar a todo aquel que acuda a este hermoso lugar (considerado Área
de Protección para la
Fauna Silvestre ) a cumplirlas para que el equilibrio y la
belleza que este singular paraje evoca se conserve lo menos alterada posible.
- No hacer fuego.
- No recolectar animales.
- No recolectar minerales ni rocas.
- No arrojar basura.
- No recolectar plantas.
- No gritar. Hacer mínimo ruido posible.
- No salirse de las sendas.
- No molestar a los animales.
- No dañar las pinturas rupestres
(mojarlas, pintar encima, grabar en ellas, etc)
Bien amigos, me despido. Espero que este detenido recorrido por
Joaquín Soriano
Fotografías : Antonio Martínez, excepto las que ponga otro nombre o las de los animales, que son animales en cautividad del centro de Educación ambiental La Dehesa
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